top of page
SAM azotea.JPG

SOCIEDAD ASTRONÓMICA

DE MÉXICO A.C.

Por la Divulgación de la Astronomía

Durante la primera mitad del siglo XIX, la ciencia astronómica mexicana se encontraba todavía atada a una tradición hermética-platónica, levemente influenciada por las teorías de Nicolás CopérnicoJohannes Kepler e Isaac Newton. Hubo otras corrientes que afectaron durante la tercera década; por ejemplo, la Ilustración y, al finalizar el siglo, una de mayor auge, el positivismo de Augusto Comte, que transformó los conceptos de los científicos.

Historia: Welcome

SIGLO XIX

Castillo de Chapultepec.jpg

Primer Observatorio Nacional

A lo largo de la historia de México es perceptible que no existieron instituciones dedicadas al estudio del Universo. Los primeros intentos para establecer un observatorio se remontan a 1847, en el llamado Torreón del Caballero, ubicado en el Castillo de Chapultepec, destrozado durante el bombardeo del ejército invasor estadounidense. Después, en 1865, durante el Segundo Imperio, hubo un nuevo intento por crear un observatorio, con ayuda de Mathew F. Maury, norteamericano, como director. En 1867 triunfó la República y la participación del ingeniero Francisco Díaz Covarrubias en las nuevas leyes de Instrucción Pública lograron la idea de establecer un modesto observatorio en la azotea de Palacio Nacional.

Comisión Astronómica Mexicana

De pie. Izq a derecha. Francisco Jímenez, Francisco Díaz Covarrubias, Francisco Bulnes.

Sentados. Izq a derecha. Agustín Barroso y Manuel Fernández Leal


México participó en la expedición internacional para observar el paso de Venus por el disco solar, visible en Japón en 1874. Al mando de un grupo estuvo el ingeniero Francisco Díaz Covarrubias, destacado científico mexicano. En 1878, se creó el Observatorio Astronómico Nacional, el cual entró en funcionamiento prácticamente hasta 1882.

Historia: What We Do
primeros astronomos mexicanos.jpg

Observatorio Nacional de Tacubaya

El objetivo principal era que los científicos de la época se integraran a la vida moderna como sucedía en otros países y obtuvieran el mismo nivel en sus trabajos. Durante el siglo XIX, en Europa existían alrededor de 150 observatorios, mientras que en América sólo había apenas 10 de ellos. Esto preocupaba a los científicos positivistas nacionales, quienes se dieron a la tarea de impulsar y crear un observatorio en México. El auge de las ciencias físicas a finales del siglo XIX despertaba el interés en las mentes científicas. La filosofía positivista contribuyó con su granito de arena y los intelectuales que administraban el país pusieron en funcionamiento la maquinaría que daría origen a las diversas instituciones científicas nacionales, entre las cuales figuraba el Observatorio Astronómico Nacional de Tacubaya.

observatorio tacubaya.jpg
Historia: About

Surgimiento de grupos aficionados

La lucha de aquellos primeros científicos consistía en lograr el reconocimiento de los trabajos astronómicos realizados en México. La comunidad científica mexicana intensificó sus trabajos y llegó a crear por efecto del ímpetu positivista publicaciones y sociedades científicas de diversa índole, como lo fueron, en su tiempo, el Anuario del Observatorio, publicado desde 1881, y la Sociedad Astronómica de México, en 1902, entre otras de carácter científico.

Historia: Who We Are

SIGLO XX

Asimismo, la velocidad con que se daban los descubrimientos y desarrollos en el área de astronomía motivó a los aficionados que escudriñaban el cielo a popularizar esta ciencia en cualquier persona interesada en el tema, y el deseo de formar una asociación tuvo lugar gracias a un evento celeste que cambió la historia de la astronomía nacional. El 24 de febrero de 1901 tuvo lugar la aparición en el cielo de la Nova Perseo, observada en México por el michoacano Felipe Rivera y tres días antes, el 21 de febrero, por el clérigo escocés Thomas David Anderson.

Este acontecimiento fue la chispa que motivó a Luis G. León para organizar la Sociedad Astronómica de México, fundada el 1o de marzo de 1902, siendo la segunda sociedad de aficionados a la astronomía mas antigüa del mundo, después de la de Francia. Agrupación científica que creció y floreció en los años siguientes y llegó a contar con un buen número de asociados.

Historia: About Us

Por 119 años divulgando la astronomía

MIEMBROS FUNDADORES

Luis G. León.jpg

LUIS Gonzaga LEÓN Mondragón

Ciudad de México

Nació 21 de Junio 1866

Falleció 23 de abril, 1913

Fundador de la SAM

                                          1o de Marzo, 1902

Se desempeñó como secretario desde su fundación hasta su muerte.

De la memoria de su entrañable amigo el

Ing. Jesus Galindo y Villa

     Luis León desapareció en cumplimiento de una ley natural; pero su nombre lo recoge con cariño, con admiración y amor la Sociedad que él incubó, lo mismo que la Sociedad “Alzate,” y será el Sol que seguirá atrayendo y fecundando en su

torno a los planetas!

                     En asamblea, SAM, 2 de junio, 1913 

 

Memorias de la Sociedad Científica “Antonio Alzate"

México, Imp. del Gobierno, 1887-1927, 46 vol.,

ils., 22.5cm. Tomo 33 por Jesús Galindo y Villa.

Felipe Rivera 3.jpeg

LIC. FELIPE RIVERA

1852 - 1920

Primer presidente de la SAM

Nació y murió en Zinapécuaro, Michoacán. Abogado, astrónomo y escritor. Diputado local y federal. Famoso por haber descubierto un astro en la constelación de Perseo, conocido desde entonces como Estrella Rivera.

Felipe Rivera placa.jpg
Historia: Programs
Primer%20mesa%20directiva_edited.jpg

Primer mesa directiva

Izquierda a derecha. Cap. Gabriel F. Aguillón,secretario de actas; Ing. Guillermo Beltrán y Puga, vicepresidente; 

Lic. Felipe Rivera, Presidente; Srita. Refugio González García, Tesorera; Prof. Luis G. León, secretario general.

Socios fundadores.jpg
Las Tendencias de la Sociedad Astronómica

Discurso pronunciado por el Sr. Profesor Don Luis G. León, en nuestra sesión solemne del 1 de marzo de 1904

Presidencia del Sr. Ingeniero D. Leandro Fernández, Ministro de Comunicaciones y Obras Públicas

Señor Ministro:

                               Señoras:

                                                Señores:

     Hoy hace justamente dos años que reuní á un grupo de amigos míos, amantes de la Ciencia y del Progreso, para formar el núcleo, el embrión de una Sociedad destinada a vulgarizar en nuestro país los conocimientos astronómicos. La historia de la creación de la Sociedad Astronómica de México está íntimamente ligada con el descubrimiento que hizo nuestro compatriota el Sr. Lic. D. Felipe Rivera, de una estrella nueva en la constelación de Perseo. Esto lo hemos repetido muchas veces y es de justicia recordarlo año por año. El descubrimiento de la Nova de Perseo llamó considerablemente la atención; inmediatamente, y sin haber antes tenido el gusto de mantener correspondencia con el Sr. Rivera, le escribí felicitándolo de la manera más cordial, y desde entonces conservamos asidua correspondencia.

El artículo 1o de nuestros Estatutos dice:

     «Se establece una Sociedad con objeto de agrupar en ella a todas las personas que se ocupen práctica ó teóricamente de la Astronomía y a aquellas que se interesen por el desarrollo de esta ciencia y porque se extienda su influencia para la ilustración de las masas. Se invita a formar parte de esta Sociedad y a contribuir a su desarrollo, a todos los amigos de la Ciencia y del Progreso.»

 

     Los acontecimientos nos han demostrado de una manera palmaria que estábamos en lo justo al asegurar que había muchísimas personas en la República que tenían amor por la Ciencia astronómica, sino que ó trabajaban aisladas ó carecían de estímulo para emprender sus trabajos.

     Alrededor de aquel pequeño núcleo que creó la Sociedad Astronómica de México, se han agrupado centenares de personas, que, disímbolas por sus edades, ó por la clase de sus trabajos, persiguen un sólo fin noble y levantado: instruirse en la Ciencia del Cielo y vulgarizar los conocimientos adquiridos. Y lo mismo el anciano, que lleva en la cabeza la nieve de la vida, el hombre en el vigor de sus facultades intelectuales, la doncella de rubios cabellos y mejillas sonrosadas, y el niño que da los primeros pasos en la escuela; lo mismo la dama distinguida, el ameritado jefe del ejército, el virtuoso prelado, el abogado ilustre, el médico afamado, el joven estudiante, la profesora que acaba de salir de la Normal, el Ingeniero, el comerciante y el obrero que tiene las manos encallecidas por el trabajo, todos se han reunido en esta Sociedad y han contribuido a crear una confraternidad hermosísima, que forma uno de los mayores encantos de mi vida y a la que dedico gustoso el máximo de mis energías.

 

     No creo, verdaderamente, señores, que haya en toda la extensión del país, una Sociedad tan democrática como la nuestra. Aquí damos cabida a todas las almas honradas y sólo pedimos que nuestros consocios sean amigos del Progreso y de la Ciencia. A esta franquicia amplísima y al hecho de que hemos cumplido fielmente nuestros compromisos, se debe, sin duda alguna, la prosperidad portentosa y siempre creciente de la Sociedad.

     Desde la fundación de este centro de vulgarización astronómica, no hemos dejado de publicar oportunamente nuestro Boletín Mensual. El número 24, correspondiente al presente mes de Marzo, fué repartido desde el día 20 de Febrero.

     Cada vez que ha ocurrido algún fenómeno notable ó que ha estado próximo a ocurrir, hemos tenido cuidado de repartir una circular dando el mayor número de pormenores.

     Desde el mes de Septiembre de 1902 el pequeño Observatorio de nuestra corporación está abierto todos los lunes de 7 a 9 de la noche y cada vez concurre mayor número de personas a hacer observaciones con los dos telescopios de la Sociedad, comprados con donativos espontáneos de almas filantrópicas.

     En vista de que muchas personas están demostrando gusto por las observaciones solares, desde el presente mes estará abierto nuestro Observatorio el 2o y el 4o Domingo de cada mes, de 8 a 9 de la mañana. Siguiendo el método aconsejado por el Abate Moreux he logrado proyectar en la cámara obscura una imagen solar de un metro de diámetro y de este modo muchas personas a la vez pueden observar las manchas, las fáculas y las granulaciones. Por este medio hemos podido presenciar en el intervalo de unos cuantos minutos las transformaciones que experimentan las manchas y asistir al nacimiento de poros ó fáculas.

     Las sesiones se han verificado sin interrupción el primer miércoles de cada mes, y aun en medio de circunstancias verdaderamente dolorosas para mí y cuando algunos amigos míos querían que se suspendiera la sesión, me he opuesto a ello para no crear un mal precedente. Constancia ante todo y amor al trabajo.

 

Queriendo extender todavía más la labor de vulgarización astronómica, uno de nuestros Vicepresidentes, el entusiasta Sr. D. Jesús Medina, solicitó y obtuvo del señor Gobernador del Distrito Federal, permiso para establecer un telescopio en la Rinconada Norte de la Plazuela de San Sebastián, todas las noches, menos los Lunes y los Miércoles. El éxito más brillante ha coronado los desinteresados esfuerzos del Sr. Medina. Personas de todas las clases sociales se reúnen en torno del Sr. Medina a escuchar sus explicaciones y ha aprovecharse de la oportunidad de observar gratuitamente con un telescopio, la Luna, las estrellas dobles, las nebulosas y otros encantos del Cielo. Los discípulos del Sr. Medina se muestran muy contentos y agradecidos y este estimable consocio nuestro merece ya el nombre de Sacerdote de la divina Urania.

 

Al revés de lo que algunos espíritus pesimistas presagiaban, nuestra Sociedad ha vivido una vida vigorosa y llena de savia, y hombres de relevantes méritos y de excelsas cualidades nos han ayudado con su prestigio, con sus trabajos, con sus libros. Probablemente si se conociera mejor la historia de la Astronomía, no se preguntarían algunas personas qué papel pueden desempeñar los aficionados en una ciencia tan elevada, tan difícil y tan excelsa.

Comenzaré por citar algunos ejemplos notables:

     Un simple aficionado holandés, el Sr. Sohwahe, observó el Sol durante 30 años consecutivos y sus observaciones han sido de mucha utilidad para los astrónomos modernos.

     Eleazar Feronce. jardinero de un castillo situado cerca de Gre- ñoble, se hizo notar como un observador hábil y su nombre se encuentra citado con elogio en una de las obras de Gassendi.

     Juan Jordán, de Sttugart, era vendedor de pieles; afecto a la Astronomía, estudió algunas obras alemanas y publicó un compendio de las tablas de Kepler para el cálculo de las efemérides.

     Un campesino, Cristóbal Arnold, que vivía cerca de Leipzig, observó durante 9 años los principales fenómenos. Descubrió el cometa de 1683, ocho días antes que Hevelins.

     El Señor Janssen cuando dió a conocer su método para observar las protuberancias solares sin necesidad de esperar la verificación de un eclipse, no era más que un aficionado, y lo mismo era Warreu de la Rue cuando hizo sus admirables fotografías del disco del Sol.

     Ya os dije en nuestra sesión de Enero próximo pasado que el pintor Goldschmidt, desde la ventana de su taller y valiéndose de un pequeño anteojo descubrió catorce asteroides.

 

     Abundan los ejemplos, y estos nos sirven para demostrar que algo puede esperarse del trabajo del aficionado. Además, por regla casi general, hay más entusiasmo, más independencia, más amor y más espíritu de investigación en el astrónomo aficionado que en el astrónomo profesional. El aficionado cuenta con pocos elementos, pero le sobra buena voluntad, y como hace su trabajo con amor y lo hace a la hora en que tiene deseo y en que lo guía su entusiasmo, mucho puede esperarse de su labor. El astrónomo profesional está a sueldo, y sabe que tenga ó no humor ó voluntad, tiene obligación de concurrir al Observatorio para dedicarse a un trabajo las más veces rutinario; y una vez terminado éste, en lugar de escudriñar el cielo para encontrar un cometa ó una estrella nueva, no tiene más deseo que retirarse a su habitación para entregarse al descanso. Hay, naturalmente, notables excepciones; pero es raro encontrar incansables observadores de la talla de un Peters, de un Borrelly, de un Perrine, de un Giacobini, de un Rodríguez Rey ó de un Felipe Valle.

 

     Entre los aficionados mexicanos debemos mencionar como observadores laboriosos y constantes a las señoritas Isabel González García y Aurora Roe, y a los Señores Jesús y José Ma Medina, Luis MacGregor, Francisco José Zamora, Antonio B. López y Sierra, Eduardo y Carlos Vargas Galeana, Feliciano Gutiérrez Gómez y Pablo Martínez del Río (Jr.)

 

     Las tendencias de la Sociedad Astronómica de México que fueron, desde su principio: vulgarizar los conocimientos astronómicos, reunir en una gran y cariñosa confraternidad a todos los amantes del cielo, crear una Biblioteca y un Observatorio y publicar periódicamente literatura astronómica, se han realizado en escala mayor de lo que nos habíamos figurado y gusto tenemos en declarar que en alto grado nos ha servido el influjo moral de nuestro sabio Presidente Honorario el conocido astrónomo Ingeniero D. Leandro Fernández, quien viene a menudo a presidir nuestras sesiones y más a menudo vendría a permitírselo sus atenciones oficiales.

 

Para terminar, referiré el hecho siguiente:

     El Lunes 15 de Febrero próximo pasado se habían reunido muchísimas personas en el Observatorio de nuestra Sociedad Astronómica y gozábamos observando las bellezas del Tauro, Orión, el Can Mayor, el León Mayor, las dos Osas y los Gemelos.           Entre la concurrencia se hallaba la familia Levy que asiste a las observaciones con mucha asiduidad. En un momento en que nos agrupamos alrededor del excelente telescopio de 108 mm para observar la bellísima estrella doble Mizar de la Osa Mayor, quedó libre el telescopio de 75 mm. Entonces la niña Anita Levy, de 7 años de edad, y quien es realmente la discípula más joven de la Sociedad, se adueñó de ese telescopio y dirigiéndolo hábilmente al grupo de las Pléyades, se entregó a su observación.

     La impresión que aquella belleza estelar causó en el alma tierna e inocente de esta niña fué tan grande, que sus labios no lograron ocultar lo que su pecho sentía y no dejaba de alabar el nombre de Dios. Pronto nos apercibimos de aquel sencillo y a la vez hermoso espectáculo, y fijamos la atención en aquella niña, sin que ella notara que era objeto de nuestra atenta curiosidad.

Pues bien, poco después supe que esa tierna niña, al dirigir algunos días antes, una alocución a su adorada madre con motivo del día de su santo quiso apartarse de la rutina de la fábula y del verso de molde, y pidió a un amigo de la familia que le escribiera algo de Astronomía, prueba inequívoca de que ya había brotado en aquel corazoncito el germen del amor por la ciencia del cielo.

 

     Yo he querido, señores, que oigáis esa recitación de sus labios infantiles y que sirva esto de hermoso final a mi desaliñado discurso.

 

La niña Anita Levy ocupó la tribuna y dijo la siguiente alocución, con un acento tierno y conmovedor:

"¡Madre mía! me gustan las estrellas; todo este año las he visto, y mirando al cielo, ¡ha encontrado mi corazón cosas muy dulces y cosas muy bellas! ¿Crees tú, mamá, que dentro de mi cuerpecito pueda caber un alma grande? Voy a contarte. Estaba yo una noche en el jardín, como ya sabes tú que siempre estoy, mirando al cielo; pasó un pequeño espacio de tiempo, cuando sentí que mis ojos se cerraron como si me fuera a quedar dormida; sentí que unas alas ligeritas, como de una mariposa, se agitaban junto de mí y entonces, a pesar de ser de noche, a pesar de tener los ojos cerrados, vi una luz tan grande y tan linda como la del sol en la mañana y entonces a pesar de que yo sabía que me había dormido, oí, verdaderamente oí una voz muy dulce y muy suave, extremadamente poderosa, que parecía venir de muy alto, por donde venía la luz; una melodía suavísima la acompañaba y así dijo la dulce voz: Todo canta tu gloria, los campos, los bosques, el valle y las montañas, la orilla del mar resuena al sonido de sus alabanzas, las olas con el fragor del trueno repiten el nombre del Eterno y el himno de tu naturaleza apenas puede subir hasta El. Su nombre lo repite el bosque que se estremece, el arroyuelo que murmura, los vientos que llevan la plegaria de los hombres hasta el arco- iris; ese arco que su divina mano trazó en las nubes, como una luminosa entrada de perdón, como un consuelo paternal para los corazones tristes; coros relucientes que me rodeáis, yo me uno con vosotros, quiero participar de vuestros arrobamientos y de vuestros conciertos. «¡Hossana! al Rey de los Cielos. ¡Hossana! ¡Hossana! así repetían indefinidamente aquellos coros y créeme, madre mía, aquellos coros estaban formados por las estrellas que miramos brillar en nuestro cielo. Allí estaba «el León» derramando de su seno torrentes de luz; allá, las «Pléyades,» las viejas «Cabrillas;» ¿saber?, allá la «Balanza,» que realmente parecía balancearse en el espacio. El «Sagitario» apunta y sale su rayo. Los «Gemelos,» los lindos hermanos; ¿no crees, mamá, que puesto que son hermanos, deberían estar más cerca? También vi al «Águila,» fiera y brava; vi al «Cisne,» blanco como el azúcar, nadar en un lago de aguas como cristal. De la «Lira,» de la «Lira» era de donde brotaba aquella melodía dulcísima que acompañaba; y había más, muchísimas más; «La Virgen,» con su traje de fiesta; «Orion,» con su cinturón de diamantes; «Sirio,» mi hermoso «Sirio» «Júpiter,» «Saturno,» con su anillo de desposada. «Venus,» «Marte,» la dulce, la blanquísima «Luna,» y todos, madre mía, yo los vi, se salieron de sus lugares y como estrellas errantes, giraban, giraban alrededor de aquella luz; el firmamento, miles, millones de hermosas figuras que se entrelazaban y se mezclaban formando mosaicos, fuentes, flores; todo lo que hay de bello en el mundo. No te había contado nada ¿verdad? perdóname; pero ahora que yo te doy mi sueño y con mi sueño, mi amor, ¡me darás tú un beso, madre mía!»

     Al bajar la niña Levy de la tribuna fué saludada con entusiastas y prolongados aplausos.

Anita Levy en Asamblea 1904

Voces Rafael González Ramírez y

Samantha Estevez González

Luis G. León 

Boletín mensual de la

Sociedad Astronómica de México

Tomo III Número 25 Abril 1904

Primer boletin.jpg

PRIMER BOLETÍN

Un mes después de haber sido formada la Sociedad

El secretario de Redacción Luis G. León

publica el primer boletín astronómico.

BOLETÍN Número 51

JUNIO 1906

Extracto del boletín que

Incluye el anuncio de un libro, la mesa directiva de ese año, los estatutos, nuevos miembros y un poema escrito por

Refugio B. de Toscano en

Atlixco, Noviembre 30 de 1905

Cubierta 1.jpg
Wave

LA SOCIEDAD ASTRONÓMICA DE MÉXICO

TUVO MUCHAS JOYAS

Y MÉXICO TIENE UNA JOYA EN LA SAM

Laura Hernández Arróyave, 1er Vocal  

2020

bottom of page